Estamos viviendo un momento decisivo para el país. Hoy, desde sectores enquistados en el poder judicial y político, se intenta frenar avances fundamentales que benefician a millones de colombianas y colombianos, como la emergencia económica y el salario mínimo vital. No podemos guardar silencio frente a esos intentos de retroceso.
La política, cuando es verdaderamente democrática, no se ejerce solo desde los escritorios. Se construye también en la movilización social, en la organización popular y en la expresión legítima del descontento. Por eso, hago un llamado claro a respaldar las medidas que buscan garantizar condiciones de vida dignas para el pueblo trabajador y a acompañar las convocatorias de los comités de paro y de las organizaciones obreras.
Defender el salario mínimo vital y las políticas que buscan justicia social no es un capricho ideológico: es una responsabilidad histórica con quienes han sostenido este país con su trabajo.